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Una vuelta por los noventa: 3ª Semana Kronen
JULIO RUÍZ, JOSÉ ÁNGEL MAÑAS Y JUAN SANTANER© Foto
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Martín Parra

Redactor Jefe en Byron Magazine.
Shasèl Brand Ambassador.

Una vuelta por los noventa: 3ª Semana Kronen
Los placeres esdrújulos

La denominación “Historias del Kronen”, tan eufónica, tan recóndita, era un eco impreciso y visual que corría un lado a otro mi cultura de oídas cuando yo tenía siete u ocho años, aproximadamente, y toda la información cultural a la que podía acceder se reducía, en este sentido más artístico o literario, al suplemento de prensa de los domingos –gracias, El pequeño país, la amalgama colorida de tus páginas y el descubrimiento de tan fundamentales personajes y ópticas de aventura fueron abrigo−, a alguna revista especializada que no en todas las familias se tenía por costumbre comprar o, el menos común, por aquello de que en España no nos ha gustado mucho nunca eso de mezclar televisión y cultura –Tómbola, El Grand Prix, Qué apostamos−, a algún programa marginal de la parrilla televisiva en el que artes plásticas, música contemporánea y no poca censura se ponían de acuerdo –recuerdo, en esta dirección, La estación de Perpignan, dirigido por Paloma Chamorro, una cosa a medio camino entre el monográfico de entrevistas y la música en directo, que no se libró de algún lío relativo a su contenido y la franja horaria en que se emitía−.

En ese limbo vivía –yo y cualquier niño esforzado en saciar su curiosidad−, cuando a José Ángel Mañas, un joven de veintitrés años, le llegó el reconocimiento de la industria literaria como finalista de la edición del Premio Nadal de 1994. Este hecho, con excusa de una novela heterodoxa y relumbrante, hoy lo veo, no podía ser casual. Si a una historia como la que Mañas cuenta en torno al bar Kronen se le había querido hacer una lectura de amplitud –y astuta, como reflejo hecho artefacto (un libro, una manufactura) de la cultura juvenil de masas que terminaba de romper− era porque, si no gran literatura, una juventud pálida puede montarte una revolución en un momento y hacerte ganar millones. Así debieron verlo los capitostes del gremio literario y por ello apostaron, porque el fondo de la cuestión está ahí: no en que la juventud tenga una manera demasiado inconsecuente de hacer las cosas, sino en que no tiene otra. Y como no tiene otra, si quieres establecer algún parentesco con ella tienes que hacerlo en su “jerga”. Tan bien les fue que en 1995 la novela se llevó al cine, de la mano de Armendáriz, y es entonces, con la peli, que yo me introduje en un encanallamiento propio, patrio, y entendí que el tragicismo interior –por aquellos días el grunge y, en general, todo lo que a mí me hablaba de riesgo, venía del extranjero− no entiende de fronteras.

Verdaderamente sirvió para superar aquella cosa forzada y elitista que fue la Movida.

Tantos años de ecos Kronen, en volúmenes que iban cogiendo polvo en estanterías particulares; ecos en otras culturas de oídas como fue la mía; ecos, en general, de acervo cultural, hasta que de la mano de Lorena Carbajo y de su editorial, Bala Perdida, se recuperó, ya en la grosería póstuma de los últimos dos mil diez, el espíritu de aquella historia y de su transversalidad –efectivamente, la novela refiere un horizonte juvenil de desencanto, pero en torno a ella respiran impulsos de otras disciplinas: música, pintura, etc.−. ¿El resultado? Una Semana Kronen con mucho contenido cultural que desde 2018 viene celebrándose y que este año acaba de cerrar su tercera edición, la cual, nuevamente, ha disfrutado de un incomparable apoyo, tanto de medios como de un público nostálgico que cada día se ve más en un cisma de pesimismo que ni entiende ni, acaso lo más importante, tiene ganas de combatir si no es con el descorche de otra botella.

 Poesía, coloquios, estreno del documental Rehabilitación total. Del chocolate al cupcake –Juanjo Castro−, conciertos, talleres y, por supuesto, la ya célebre Ruta Kronen, guiada por el propio Mañas, que recorre los lugares más representativos de la novela.

Para todo esto y mucho más ha dado de sí la III Semana Kronen, a la que desde aquí auguramos una larga y exploratoria vida.

         ¡Somos unas balas perdidas!

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