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Dandismo: ¿Una cuestión de edad?

Creo que nadie estará en desacuerdo conmigo si digo que hoy en día la única edad que parece estar de moda es la “joven”. Que, en general, todo el aparato publicitario del mundo textil y de la cultura está enfocado a borrar de nuestro código estético la idea del envejecimiento y a consagrar ese terribilismo simpático, frívolo, veleidoso, de lo juvenil. Como si el patrocinio de este ideal, el de una juventud que desde el Romanticismo no ha variado su efigie de imprescindibilidad (en cuanto a complejidad y riqueza de la personalidad), fuese el más representativo, el más beneficioso para una sociedad, el único rentable.

No vamos a dudar aquí de la necesidad que casi todos tenemos de una distinción. Y de que la distinción indumentaria es, si cabe, la más mentada y la que más rédito económico ha procurado a las sociedades occidentales en los últimos cien años. Tanto para los jóvenes como para los no tan jóvenes. Pero hacer de ésta, sin más contenido que la propaganda estética, la fórmula de promoción de una ética y culturas válidas y con miras de amplia participación, es, si no perverso, equivocado. De lo que se trata, todo caso, es de una manera digerible, fácil, de sublimación de la vida cotidiana por medio del adorno; o sea, de una huida de nuestro miedo más arcaico, el miedo a la muerte, a través de la apariencia (si eres joven, ésta te queda muy lejos; si eres joven la muerte no se te manifiesta a simple vista, ni en tu cuerpo ni en tus actitudes; eso es lo que todo el mundo quiere comprar, en lo que todo el mundo quiere verse reflejado: promovamos la juventud y vendámosela incluso a los que ya la han perdido).

Esto, como óptica digerible de la vida y la convivencia, como todo lo concebido para la masa, es insuficiente.

Porque en realidad la angustia estética, el gusto por el refinamiento indumentario, no entiende de edades, y el querer circunscribirlo forzadamente a una cuestión de deneí, de año de nacimiento, lo sitúa precisamente en el lado contrario a donde queríamos que estuviera (plano de proximidad VS plano de interés). El dandismo, como la sintaxis (quiérase ver aquí, en esta correlación, una sublimación de dos aspectos insustituibles del hombre preclaro de hoy, del shaselman: moda y cultura, moda y literatura, moda y arte), es una facultad del alma. Una cuestión moral que tiene que ver con el orden del pensamiento. Esto lo dijo el gran Paul Valéry, y aunque él no aludiese en su sentencia a la cuestión estetizante, sino a la lingüístico-cultural (El ser humano es un mono gramático que estructura el mundo a través del lenguaje), estamos seguros de que nos perdonaría, si no aplaudiría, consignar aquí, sin ningún género de complejos, al hombre culto del lado de la moda. De una moda no predominante, eso sí. La moda predominante significa, a mis ojos, deslucimiento de lo genuino, pereza mental y escasez de ganas.

El dandismo, como dijo el historiador del traje François Boucher, es el Romanticismo en la moda. La sublimación de la personalidad al vestido. Desde esta humilde tribuna creemos que un código de estas características no puede estorbarse en enaneces de edad, raza u orientación sexual, y que, como forma de vida no predominante, difícilmente se verá afectado por los caprichos y exigencias del mercado.

Martín Parra
Los placeres esdrújulos

Esta entrada tiene un comentario

  1. Suscribo totalmente lo dicho.Vivimos una época que enaltece la juventud como la panacea de todo y relega a un segundo o tercer plano la experiencia y la curiosidad permanente.
    Si no eres más interesante ahora que cuando eras joven…algo estás haciendo mal.
    Cuando sea mayor quiero ser Diane Keaton!

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Martín Parra

Redactor Jefe en Byron Magazine.
Shasèl Brand Ambassador.

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